Lo que en un inicio pintaba como una solución, terminó por ser un experimento de condiciones inimaginables, que desató una cadena de errores que están pagando no solo los vecinos de Doña Juana sino toda Bogotá.

La concepción del denominado “Relleno Sanitario Doña Juana”, es algo, que asusta. Y mucho. ¿Cómo es posible que se tome a la población rural de Bogotá y se le imponga un basurero a cielo abierto?

Hace 30 años cuando el entonces, alcalde de Bogotá, Andrés Pastrana, prometió solucionar  el problema de basuras en la ciudad; construyendo el “Parque Ambiental Serafín”, con la idea de crear un espacio de recolección de basuras, para que en el año 2002 se convirtiera en un hermoso lugar de recreación para el sur de la capital.

Pero las basuras no terminarían por convertirse en un lindo parque de residuos reciclados, sino en el vecino indeseable, sucio, mal oliente, totalmente despreciable.

Ese, es el paisaje tóxico que después de 30 años, tienen que soportar los vecinos más cercanos a Doña Juana, barrios como: Mochuelo alto medio y bajo, pagan las caras consecuencias de los fallidos experimentos de George Tchobanoglous, quien en compañía de la CAR (Corporación Autónoma Regional) y el Distrito le dieron rienda suelta al experimento llamado Doña Juana.

En 1983 George Tchobanoglous y Héctor Collazos, ambos ingenieros en sanidad urbana, van a crear una plan estratégico para solucionar el problema de basuras en la capital.

Luego de mirar cuidadosamente la ciudad, resuelven que se necesitan más de un relleno sanitario para la cantidad de desechos que se producían.

Prevén ubicar 4 de estos en diferentes punto de la ciudad: al norte estaría uno justo en el Codito, otro al extremo sur oriente que van a llamar Tunjuelito, en el occidente en una lugar llamado Pro techo estaría el tercero, y el último estaría ubicado cerca al Salto del Tequendama en un lugar llamado Alicachín.

Terminada la planeación, le entregan al Distrito los posibles lugares para crear los rellenos sanitarios suficientes, para manejar las basuras que producía Bogotá. De ahí en adelante inicia un debate costó, lugar, beneficio, que termina por establecer que de los cuatro solo quedaría uno, sí, el del sur occidente.

El primero de noviembre de 1988 llegaron las primeras, 200 mil toneladas de basura al recién inaugurado “Parque Ambiental Serafín”, desde ese preciso instante la historia de las personas, animales y plantas que habitaban esta zona de Bogotá no volvió a ser la misma.

Ahora se sabe que la basura enterrada produce residuos líquidos (lixiviados),que se generan cuando la basura empieza su proceso de descomposición, pero Tchobanoglous en su momento quería probar a ver qué pasaba con una gran masa de desechos sin clasificar.

Se botaba toda clase residuos sólidos, desde neveras, residuos orgánicos, hasta animales muertos, provocando una gran acomulación de lixiviados que buscaban desesperadamente por donde salir.

Finalmente miles de litros de lixiviados encontraron camino y fueron a parar al Río Tunjuelo, río, que recorre gran parte de la sabana y va parar al Río Bogotá, afectando no solo a la comunidades aledañas al relleno sanitario sino a todo el ecosistema de la sabana.

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Para evitar que esto sucediera, y tras la amenaza del Distrito de demandar a la compañía, por verter lixiviados al Río Tunjuelo.Tchobanoglous propuso recircular los lixiviados, por medio de tubos, para de ese modo compactar la basura mojandole, evitando que el líquido terminará en el río.

Con lo que no contaba Tchobanoglous era que la densidad del líquido no era los suficiente para que esta pudiera correr con facilidad como lo hace el agua, sumado que los lixiviados se coagulan como la sangre. Entonces termino ser peor el remedio que la enfermedad.

Toda esta experimentación avalada por la CAR y con la mirada no tan atenta del Distrito, a un experimento de recircular lixiviados que nunca antes se había hecho en el mundo.

Se crearon géiseres de basura por donde emanaba litros y litros de este líquido inmundo que emanaba gases nauseabundos, se podía ver venir que algo peor podría ocurrir por las fallas que ya presentaba el relleno sanitario.

Y el día llegó el 27 de septiembre de 1997 a las 4 de la tarde. Tan predecible, que un día antes del gran evento que marcaría la historia de Doña Juana, ordenaron evacuar a todo el personal que trabajaba en el relleno.

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La montaña de basuras colapso, se derrumbó y un millón 200 mil toneladas de basura cayeron sobre el Río Tunjuelo, afectando a 500 mil habitantes del sur de la ciudad. Mientras la cuenca del río se asfixiaba con los nauseabundo gases que cubrían localidades Usme, Ciudad Bolívar,Tunjuelito y San Cristóbal.

Los gases expedidos por la enorme masa de basura duró días y las enfermedades no se hicieron esperar, aparecieron brotes en los ojos problemas respiratorios y brotes en la piel.

 Después de este desastre socio ambiental se empezó con la búsqueda de culpables, y el Distrito le pasaba la bola a la compañía de basura y viceversa. Conclusión nadie tuvo la culpa. Todo fue un experimento, y como pudo haber salido bien también pudo haber salido mal.

Doña Juana 30 años de un experimento
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